Leer a Quignard, entonces, es cuestionarse, en diálogo con la obra del Pseudo-Longino, sobre la superación de los límites y las embestidas del rayo. Habremos de sacar a la luz una poética del arte de Quignard, basada en los diversos tratados a través de los cuales intenta captar la noción de lo sublime. Existe un sentido de la forma, que es aquello que hallamos al estudiar cada fragmento y analizar el laconismo definido como estilo sustractivo. A pesar de las aparentes rupturas, como pueda ocurrirnos con Cioran o quizás con Canetti, siempre aparece una ligadura más profunda.